Poesías de amor cortas

lunes, 31 de mayo de 2010

Amemos, Amado...

Amemos, Amado, gocemos
Perdámonos en los profundos bosques verdes
Vaciémonos el uno en el otro
y desprendidos del cuerpo elevemos el alma desnuda
a los confines invencibles del deseo.
Penetremos los límites vastos que dividen el paraíso
y el infierno.
Amémonos, Amado,
Arrojémonos como los heroicos guerreros
como amantes eternos o albigenses
al precipicio y al fuego.
Como amorosas bestias devorémonos
Purificados resurjamos del tiempo
Celebremos ritualmente la fiesta
del nacimiento y de la muerte.
Y como heridos ciervos saciémonos
bebamos del pozo de la vida
agua, dicha intensa.

Nelly Keoseyán

miércoles, 26 de mayo de 2010

El centro del amor

El centro del amor
no siempre coincide
con el centro de la vida.
Ambos centros se buscan entonces
como dos animales atribulados.
Pero casi nunca se encuentran,
porque la clave de la coincidencia es otra:
nacer juntos.
Nacer juntos,
como debieran nacer y morir
todos los amantes.

Roberto Juarroz

domingo, 16 de mayo de 2010

Desde Nunca Te Quiero...

Desde nunca te quiero y para siempre,
desde todo y quizá y para siempre,
desde el rotundo rayo que sube por la acequia de las horas
al látigo crecido en mis pupilas ponientes,
veloz mi voz, mi viento:
-vértigo de desembocadura.
y el más ingrato delta para acabar el viaje.

Hasta la nada espero,
hasta lo lejos de la memoria inútil
(y el cráter sin crepúsculo,
hasta la duda embriagada de rótulos celestes,
en la fiebre y la luna imantada de agosto.

A través de la vela que tú enciendes
en la retina de la noche,
en los ocultos ámbitos
que otro día robamos con las manos abiertas.

Detrás del volumen vacío y el hueco vulnerable,
donde habita la escarcha tiritando entre ortigas
y otro pájaro múltiple
se hace alquimia improbable.

Amalia Iglesias Serna

domingo, 9 de mayo de 2010

Amor de los Incendios y de la Perfección...

Amor de los incendios y de la perfección, amor entre
la gracia y el crimen,
como medio cristal y media viña blanca,
como vena furtiva de paloma:
sangre de ciervo antiguo que perfume
las cerraduras de la muerte.

Blanca Andreu